La segunda inversión de un acorde se obtiene situando en el bajo su 5ª. Colocar este factor por debajo de la fundamental implica la aparición de un intervalo de 4ª entre el bajo y la voz en la que esté esta última. Estos acordes también se los conoce con el nombre de acordes de cuarta y sexta.

En el artículo dedicado a los conceptos de consonancia y disonancia, se trató el asunto del intervalo de 4ª. Este intervalo ha sido tratado por los compositores de la práctica común, especialmente los de épocas remotas, como una disonancia que convenía preparar y resolver. De esta práctica, se deriva el uso restringido de la 2ª inversión. Por otra parte, deberíamos tener presente que la 2ª inversión como acorde tiene su origen más bien en una explicación teórica (analogía de la 1ª inversión)  que en la práctica compositiva real.
Centrándonos en la práctica armónica, la 2ª inversión se emplea para desempañar unas funciones muy concretas. En todas ellas, se repiten los mismos patrones: se duplica preferentemente la 5ª, es decir, el bajo, mientras la fundamental (4ª con el bajo) se prepara. El intervalo de 4ª suele resolver evitando saltos. Se cifra con un 6 y un 4.
Hoy comentaremos su función como acorde de unión o de paso. Cuando cumple esta función, la nota del bajo se comporta como nota de paso entre dos notas distanciadas por una 3ª. El resto de voces quedan quietas o se mueven por movimiento conjunto. Además, la 2ª inversión suele ocupar parte débil de compás o de tiempo.
Veamos algunos ejemplos de esta función.

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