El sistema tradicional de cifrado basado en números arábigos se denomina cifrado interválico, ya que sirve para indicar la construcción de los acordes. El sistema basado en el uso de números romanos se denomina cifrado funcional, y se utiliza, como su nombre indica, en los análisis funcionales.

Los números se colocan siempre debajo del bajo, y sirven para señalar los intervalos que se producen entre las notas más significativas de un acorde y la que haya en ese instante en el bajo.
 
Los acordes en estado fundamental no se cifran, aunque en ocasiones se recurre a los números 3, 5 y 8 para indicar qué nota debe ir en la soprano. Igualmente, se emplea el 5 para evitar algún tipo de confusión; por ejemplo, cuando se emplean varios acordes sobre una misma nota.

 

Cualquier alteración o signo sin indicación numérica se refiere siempre a la 3ª respecto a la nota que haya en el bajo. 

 

Las notas alteradas de un acorde siempre han de especificarse, salvo si están en el bajo o las alteraciones vienen dadas por la armadura. Para ello, se emplearán las alteraciones delante de la cifra que exprese el intervalo. El signo + señala a la sensible. 

 

Supondremos siempre que la 5ª de un acorde es  justa, por lo que no es necesario cifrarla, aunque esté alterada en la partitura. En el caso de que la 5ª sea disminuida, emplearemos un 5 barrado. El barrado señala siempre intervalos disminuidos. 

 

Una cifra seguida de una línea indica un cambio de posición en el bajo o el uso de notas de adorno en él, sin que ello implique un cambio de acorde. 

2 comentarios para “Cifrado interválico”

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