Cuanto mayor sea nuestra agilidad mental, armónicamente hablando, menos necesarios serán las indicaciones o los trucos que se dan aquí para armonizar una melodía. Mientras tanto, los procedimientos explicados nos servirán de apoyo en nuestra tarea. En los artículos anteriores, se explicaba uno de los procedimientos existentes para la armonización de un canto con el uso de dominantes secundarias. Hoy presentamos uno nuevo que requiere algo más de agilidad mental.

El procedimiento de hoy se basa en la realización previa  de una armonización básica con la que practicaremos, posteriormente, el uso de estos acordes. Para entenderlo mejor, recurriremos a un caso práctico.

El gráfico siguiente muestra la armonización previa de una melodía dada.

Fijándonos en los giros melódicos y en los acordes elegidos, descubriremos la posibilidad de introducir alguna dominante secundaria, como en el caso de la (V-IV) delante del IV y la (V-V) delante del último V. Asimismo, podríamos sustituir la primera V con un II; de esta manera, podríamos incluir también la (V-II). El gráfico de abajo muestra los cambios en nuestra armonización previa.

Una vez elegida nuestra estructura, sólo queda completar el ejercicio. Como la armonización es nuestra, podemos introducir cualquier cambio en caso de que no nos agrade el resultado final. En este caso, he preferido quitar la (V-IV), pues su sonoridad resulta algo forzada (cuestión de gusto personal).

 

4 comentarios para “Armonizando con dominantes secundarias III”

  • patgmez:

    ¿No ves problema en solapar las voces más graves en el enlace del IV6 al VI?

  • Devesa:

    En cuestiones menores, encontrarás, dependiendo del tratado de armonía que consultes, un grado de rigor u otro. Si bien es cierto que lo recomendable es evitar la superposición de voces, (especialmente cuando uno está en una fase inical de su estudio),excepcionalmente, cuando haya un interés musical, estará permitido. En este caso, obvié esta recomendación para mantener el giro melódico en zigzag que se producía en el bajo, pues me gustó más el resultado que se obtenía con el salto de 8ª que sin él. De cualquier modo, si quieres ser riguroso ante esta cuestión, sólo tienes que quitar el salto de 8ª (subiendo el bajo en el arranque inicial) y reconstruir las voces internas.

    Tienes un ejemplo de superposición parecido a este caso, en el coral Gottes Sohn ist kommen de J. S. Bach (cc. 7-8).

  • patgmez:

    No es que quiera ser riguroso. Ni tocar las narices a nadie. Para gustos los colores. Ahora, el ejemplo que me pones, si es el BWV318, no es una superposición sino un cruzamiento de voces entre tenor y contralto, dos voces tímbricamente diferentes y por tanto bastante más fáciles de seguir a oido cuando hacen cosas como éstas, sobre todo si el cruce se produce por movimiento de grado de una de ellas. Pero no te niego que en los corales de Bach se encuentre justificación para todo (como en la Biblia); superposiciones…, por supuesto. Ahora,  ¿por qué te hice el comentario? porque si fuera alumno de armonía en un conservatorio y viera tu blog sería lo primero que preguntaría al profe (si me interesara la armonía, claro).

  • Devesa:

    Creo que la versión que tengo del coral de Bach mencionado es diferente a la tuya, pues se produce una superposición entre el tenor y el bajo.

    En cuanto a lo del rigor, encontrarás diferentes grados de rigor dependiendo del profesor e, incluso, del tratado que consultes (sobre todo en cuestiones menores). Por lo general, las excepciones suelen tener alguna justificación basada en el interés musical. La que se produce en el ejercicio planteado (que por otra parte no pretende ser ejemplo de ningún estilo en concreto) es una excepción cometida conscientemente, sabiendo el riesgo que corría de que fuera criticada. Por ello, en el comentario anterior propongo una solución alternativa más rigurosa.

    Cito el siguiente texto de Armonía al respecto de la superposición cometida (en la que las notas que la provocan son comunes de los dos acordes): En estos enlaces no hay duda de que la realización es correcta, pero, sin que sea una norma rigurosa, se deberán evitar estas superposiciones en cualquier otro caso. La escritura resulta más elegante y más pura. Sabemos que J. S. Bach lo practica, y con frecuencia, pero es para conseguir una buena línea melódica: el movimiento melódico lo justifica todo, pero, de momento, esta disciplina será muy beneficiosa para la formación del futuro compositor. (Blanes. L. Armonía tonal (I). Real Musical. Madrid: 1990. pág. 26).

    Por otra parte, siempre recomendaré que se haga caso al profesor de armonía, en especial cuando la formación armónica de uno esté en una fase inicial. Pero, una vez adquirido el oficio necesario, no veo inconveniente en que se transgreda la normativa, siempre desde el conocimiento, cuando el interés musical lo pida, como en el caso de Bach.

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