Los acordes de 7ª sobre la dominante y de 7ª sobre la sensible han desempeñado un papel importante desde el principio de la práctica común. No podemos decir lo mismo del resto de acordes cuatríadas diatónicos, construidos sobre el resto de grados de las escalas mayor y menor. Hemos de esperar hasta el Romanticismo para encontrar un uso frecuente suyo.

La mayor parte de las séptimas diatónicas utilizadas hasta el siglo XIX, tenía su origen en retardos y apoyaturas como las del gráfico de abajo. Es por ello que, durante el período previo al Romanticismo, la 7ª, como disonancia que es, fuera convenientemente preparada mediante prolongación, y resuelta por movimiento conjunto descendente. Para que esto último fuera posible, el acorde sobre el que resolvía la 7ª debía tener el factor esperado. En cuanto al resto de voces, la normativa general seguía siendo válida.

Cuando hablamos de acordes de 7ª diatónica, en realidad, no designamos ninguna estructura armónica determinada. Por ejemplo, el acorde de 7ª sobre el IV está formado por una tríada mayor y una 7ª mayor, mientras que el formado sobre el II consta de una tríada menor y una séptima menor. Para la armonía tradicional, la estructura de cada 7ª diatónica es una cuestión menor, ya que la 7ª no modifica la función del acorde, sino que da un matiz diferente al color del acorde tríada.

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