Como se dijo en el post anterior, existen inconvenientes a la hora de atribuir función a ciertos acordes diatónicos cuyo tratamiento  resulta, cuanto menos, peculiar. Asimismo, volvemos a tener problemas en esta tarea con acordes con un contenido cromático, como es el caso de las mediantes o submediantes alteradas.
 
En este punto resulta evidente que el criterio de estructura interna no basta y es necesario ahondar en el segundo referido a la relación que se estable con los acordes del entorno. Para ello, vamos a utilizar varios ejemplos.
 
Un caso curioso es el del enlace VII (segunda inversión) – I (último ejemplo). Según el primer criterio, no cabría duda de que el primer acorde, por su estructura interna, cumple la función de dominante, ya que posee el célebre tritono, aparte de ser un VII. Sin embargo, muchos teóricos defienden la tesis de que este acorde realmente cumple función de subdominante en este caso concreto. El mismo Rimsky-Korsakov en su tratado de Armonía práctica (Ricordi, 1990) habla de esta progresión como posibilidad para crear una cadencia plagal. Si volvemos la mirada al tratado de Kopp, descubriremos la importancia que tiene la conducción de voces en la relación que se establece entre dos acordes. Nuestro sentimiento armónico va ligado al fenómeno físico-armónico, como ya se ha dicho más de una vez, y, por tanto, es lógico que tendamos a entender la construcción armónica desde el bajo. La relación que se establece en el bajo en este caso particular entre el IV grado y el I es tan fuerte que condiciona la función del primer acorde.
 

 

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