Para que una modulación diatónica se produzca, es necesario, aparte de utilizar un acorde puente, establecer adecuadamente la tonalidad de llegada. De lo contrario, puede que nos llevemos la sorpresa de que la tonalidad principal no ha sido abandonada. Realicemos el siguiente ejercicio:
 
Usando el arranque siguiente, modúlese a la tonalidad de la dominante.

Cuando escuchamos el resultado, somos conscientes de que la tonalidad de origen (Do mayor) no ha sido abandonada. La estrecha relación entre Do mayor y Sol mayor provoca que la estructura armónica creada tras la modulación sea interpretada dentro del ámbito de dominante de Do mayor. Para situarnos dentro de Sol mayor, tendremos que forzar al oído mediante el uso continuado de acordes propios de Sol mayor, como el III, el V y el VII,  o extraños a Do M pero no a Sol M, como la (V-V), el acorde de 6ª napolitana, etc. Aún así, el vínculo entre ambas tonalidades no desaparece del todo.
 
Comparemos la siguiente versión con la anterior y veamos si esto último da resultado.
 

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