El resto de grados, a excepción de la sensible que ya trataremos en otro momento, también puede ser tonicalizado por medio de sus respectivas dominantes. Por ejemplo, en modo mayor, el I grado es dominante del IV. Pero, para que el I grado deje de percibirse como lo que es, resulta fundamental conferirle la función de dominante por medio de una 7ª menor. La inclusión de este intervalo supone la aparición del tritono propio de la tonalidad del IV grado, intervalo característico de la función de dominante. Véase el ejemplo siguiente.
 
 
Las dominantes secundarias se construyen sobre los grados de la escala diatónica de la tonalidad en la que estamos. Dependiendo de la dominante secundaria que sea, se transformarán cromáticamente unos factores u otros de los acordes diatónicos de los que partamos. Por ejemplo, la (V-IV) requiere agregar una 7ª menor al acorde de tónica mayor, mientras que la (V-V) requiere la transformación cromática ascendente de la 3ª del acorde de II grado (también de la 5ª si estamos en modo menor).
 
A continuación tenemos dos extractos sacados de la literatura musical.
  

Tchaikovsky. Cascanueces, Obertura
 
 
 

 

Schubert. Momento musical nº 3
 

 

 

 

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