Tiende a compararse el discurso musical con el literario a la hora de definir una cadencia como un signo de puntuación con el que se articulan los distintos elementos estructurales de aquél (secciones, frases, semifrases, etc.). Las cadencias establecen puntos de reposo momentáneos o definitivos por medio de estructuras armónicas y giros melódicos determinados.

Hay dos grandes grupos de cadencias según esto último: cadencias conclusivas y cadencias suspensivas.
 
Dentro de las cadencias conclusivas destacan dos: la cadencia auténtica perfecta y la cadencia plagal.
 
La cadencia auténtica  perfecta se fundamenta en la estructura armónica V – I. Algunos autores, además, aconsejan que la línea melódica posea el giro melódico formado por la sensible y la tónica, y que el I esté situado en parte fuerte,  con el fin de reforzar su fuerza conclusiva. Dejo al lector que sea el que decida sobre esto último al estudiar el siguiente fragmento del Cascanueces de Tchaikovsky.
 
 
Esta cadencia tiene una variante denominada cadencia perfecta compuesta. Su estructura armónica puede ser IV – V – I o IV – I 46 – V – I. Se obtienen variantes suyas al sustituir el acorde de IV por otros acordes. En el ejemplo siguiente (Erster Verlust,  del Álbum de la juventud de Schumann) se emplea la dominante de la dominante como alternativa al IV.
 
 
 

 

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