Archivo de la categoría ‘Enarmonía’

Como se explicó en el post anterior, la construcción de los acordes determina el tipo de enarmonización que puede aplicárseles. Los acordes que no poseen una estructura constructiva simétrica, como los acordes perfectos mayores o menores, no soportan la enarmonía parcial, ya que los nuevos acordes adoptarían una forma imposible de justificar en el sistema diatónico usado por la práctica común. Este problema solo puede evitarse cuando dichos acordes son desprovistos de ciertos factores, de lo contrario solo podrán enarmonizarse de forma total.

El siguiente ejemplo (Marcha fúnebre de la sonata nº12, Op. 26 de Beethoven) nos muestra una forma de modular enarmónicamente sin emplear todos los factores de un acorde no simétrico. La enarmonización aquí realmente obedece a una cuestión práctica. Sin ella, hubiéramos transitado de Dob mayor (7 bemoles) a Dob menor (relativo de Mi bb mayor). Tanto bemol puede evitarse con una enarmonización a Si menor. Aparecemos en el cambio de modo con solo emplear su dominante de forma anacrúsica (Fa#) tras la enarmonización de Solb (quinta del acorde del acorde de tónica).

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Hace tiempo, estuvimos comentando el fenómeno de la enarmonía. A su vez, cuando se trataba de intervalos, distinguíamos entre enarmonía total y enarmonía parcial. Hoy, en este post, aplicaremos estos conceptos para tratar de la modulación enarmónica.

La modulación enarmónica se basa en cambiar la notación de una nota de manera que nos sitúe en otra tonalidad.

Antes de meternos en profundidad en esta cuestión, quisiera señalar que los acordes, según los intervalos que la conforman, podrían clasificarse como acordes de estructura simétrica o asimétrica. Los acordes tríadas perfectos son de estructura asimétrica, como puede verse en el gráfico, mientras que el de 5ª aumentada y el de 7ª disminuida son simétricos.

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Que la estructura sea simétrica o no, condiciona las posibilidades de modulación por enarmonía. Por ejemplo, el acorde de Do mayor no admite enarmonía parcial, puesto que, como se ve en el primer acorde del caso b, adquiere una notación que no tiene interpretación posible dentro del ámbito de la práctica común. Por otra parte, el acorde de 5ª aumentada de Do (III de La menor), sí que admite la enarmonía parcial, como la del segundo acorde del caso b, donde se comportaría como III de Fa menor.

En un próximo post, veremos con más profundidad las implicaciones de esto.

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La enarmonía se produce entre notas diferentes del mismo sonido. Por ejemplo, fa y mi# son notas enarmónicas.

Cuando enarmonizamos un intervalo, podemos hacerlo de dos maneras diferentes: de forma parcial o total. La enarmonización parcial afecta a una de las dos notas del intervalo, mientras que la total afecta a ambas. Normalmente, cuando realizamos una enarmonía total, preferimos que el intervalo resultante no cambie su dimensión y calificación original. En el gráfico siguiente podemos ver distintos casos de enarmonización. Si comparamos el intervalo original del ejemplo con el resultante de la enarmonización total, veremos que ambos son una tercera menor. Por el contrario, las enarmonizaciones parciales provocan cambios en la dimensión y calificación del intervalo a enarmonizar.

Este procedimiento también es aplicable a un acorde. De hecho, resulta muy útil para modular, como veremos en el próximo post. El caso más interesante es el que se refiere a la enarmonización de los acordes de séptima disminuida.

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