Archivo de la categoría ‘Dominantes secundarias’

Cuanto mayor sea nuestra agilidad mental, armónicamente hablando, menos necesarios serán las indicaciones o los trucos que se dan aquí para armonizar una melodía. Mientras tanto, los procedimientos explicados nos servirán de apoyo en nuestra tarea. En los artículos anteriores, se explicaba uno de los procedimientos existentes para la armonización de un canto con el uso de dominantes secundarias. Hoy presentamos uno nuevo que requiere algo más de agilidad mental.

El procedimiento de hoy se basa en la realización previa  de una armonización básica con la que practicaremos, posteriormente, el uso de estos acordes. Para entenderlo mejor, recurriremos a un caso práctico.

El gráfico siguiente muestra la armonización previa de una melodía dada.

Fijándonos en los giros melódicos y en los acordes elegidos, descubriremos la posibilidad de introducir alguna dominante secundaria, como en el caso de la (V-IV) delante del IV y la (V-V) delante del último V. Asimismo, podríamos sustituir la primera V con un II; de esta manera, podríamos incluir también la (V-II). El gráfico de abajo muestra los cambios en nuestra armonización previa.

Una vez elegida nuestra estructura, sólo queda completar el ejercicio. Como la armonización es nuestra, podemos introducir cualquier cambio en caso de que no nos agrade el resultado final. En este caso, he preferido quitar la (V-IV), pues su sonoridad resulta algo forzada (cuestión de gusto personal).

 

Cojamos un fragmento de una melodía coral con el que practicar la armonización con dominantes secundarias. Dicho fragmento pertenece al coral Puer natus in Bethlehem de J.S. Bach. Aunque el coral está en La menor, la armonización original modula rápidamente al relativo mayor (Do mayor).

En el siguiente gráfico están marcados los intervalos de 2ª. Estos intervalos, como se dijo en el post anterior, son puntos idóneos para situar dominantes secundarias. En todos ellos podemos usar la dominante de la dominante resolviendo a la dominante, excepto en el segundo punto marcado, donde utilizaremos la progresión V – I.

No conviene utilizar en exceso la progresión (V-V) – V, pues pone en peligro la tonalidad de Do mayor en favor de la de Sol mayor, como así sucede en nuestro caso.

 

Si comparamos nuestra versión con la de Bach, comprobaremos como la suya no pone en peligro Do mayor.

 

La armonización de bajos o de tiples suele ser uno de los ejercicios más difíciles para los alumnos de Armonía. En los próximos posts explicaremos algunos trucos para la utilización de dominantes secundarias en la armonización de melodías.

Existen dos modos fáciles para saber si podemos emplear una dominante secundaria en un punto determinado. El primero de ellos consiste en analizar el pérfil melódico del bajo o tiple dado. Los intervalos de 2ª mayor o menor, ascendentes o descendentes, son puntos en los que ubicar una dominante secundaria y su resolución. El motivo de esto radica en la resolución obligada de ciertos factores (como las notas que forman un tritono, por ejemplo) incluidos en un acorde con función de dominante.

En el gráfico de abajo vemos, primero, un acorde de 7ª de dominante en estado fundamental y, después, en 1ª inversión. Asimismo, vemos, en tercer lugar, un acorde de 7ª disminuida. A su derecha han sido escritos aisladamente los factores de estos acordes junto con sus resoluciones. Como puede comprobarse, estas resoluciones nos dan una pista de dónde emplear una dominante secundaria. Las 2ª descendentes son buenas para poner la 7ª de un acorde de dominante o disminuido, mientras que las ascendentes lo son para poner la 3ª de una dominante, y la fundamental y la 3ª de un disminuido.

En el próximo post, realizaremos un caso práctico.


A continuación están las respectivas dominantes de cada uno de los grados de Do mayor. Como es evidente, la dominante del I grado es la dominante principal. Por otra parte, está el caso del VII, grado sobre el que se obtiene un acorde disonante y, por ende, imposible de tonicalizar, salvo que se recurra a la omisión de su quinta disminuida (gráfico 2, 1er caso). Esto último resulta inusual en el período armónico que estamos estudiando (práctica común).



El 2º caso del gráfico no puede interpretarse nunca como una tonicalización del VII, ya que, como veremos próximamente, el acorde de VII está desempeñando el papel de dominante (acorde sustituto del V).
 
 
 

 


La resolución regular de las dominantes secundarias se rige por las mismas normas que rigen la resolución de los acordes vistos hasta el momento. En el caso de que usemos una 7a de dominante, tendremos que resolver convenientemente su tritono, como se ve en el ejemplo siguiente.

Resulta curiosa la resolución de la dominante de la dominante, ya que es el único caso en el que puede darse la resolución de una 7ª de dominante en otra (si obviamos las series). En dicha resolución, el primer tritono resbala sobre el segundo.
 
 
Cuando la (V-V) resuelve sobre el acorde de I en segunda inversión cadencial, también se produce una irregularidad en la resolución del tritono (se posterga la resolución de la 7ª).
 

 

 

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