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Vamos a poner en práctica alguno de los últimos recursos explicados sobre modulación en la armonización del siguiente bajo. Antes de nada, conviene tener presente que los recursos, por ejemplo, de la sexta napolitana modulante o la sexta aumentada enarmónica son empleados por los compositores en dosis reducidas. Por el contrario, los ejercicios de armonía suelen contener estos recursos en una proporción considerablemente mayor, lo que conduce a que su efecto sonoro resulte  en muchas ocasiones forzado o artificial. Al respecto de esto último, no debemos olvidar que el propósito de un ejercicio de armonía es la de servir de herramienta para la adquisición de conocimientos y, por tanto, es normal que se produzca una alta inclusión de recursos armónicos particulares en pequeños fragmentos en detrimento de su sonoridad.

Estudiemos el bajo dado dado a tal efecto. Un primer análisis nos da como resultado que la primera mitad está en Do mayor y la segunda en Fa# menor. El acorde final de la primera mitad es el V que, a su vez, puede funcionar como napolitana de Fa# (6ª napolitana modulante). Utilizaremos esta última característica de este acorde a fin de modular.

De la armonización propuesta, se obtiene el siguiente resultado.

Hace unas semanas hablamos de las posibilidades que nos ofrecía el acorde de séptima disminuida para modular. Hoy realizaremos unos ejercicios breves de armonización para poner en práctica lo explicado.

El ejercicio siguiente consiste en modular a partir de Do mayor a los tonalidades señaladas, usando la misma estructura en los tres casos: I – V – I – VII (enarmónica) – I.

A continuación, está la resolución del ejercicio y el archivo de audio para comprobar el efecto. Las notas enarmonizadas están expresadas por medio de corcheas (nota a enarmonizar y enarmonización) con el fin de que se vea claro el procedimiento empleado.

 

Cuanto mayor sea nuestra agilidad mental, armónicamente hablando, menos necesarios serán las indicaciones o los trucos que se dan aquí para armonizar una melodía. Mientras tanto, los procedimientos explicados nos servirán de apoyo en nuestra tarea. En los artículos anteriores, se explicaba uno de los procedimientos existentes para la armonización de un canto con el uso de dominantes secundarias. Hoy presentamos uno nuevo que requiere algo más de agilidad mental.

El procedimiento de hoy se basa en la realización previa  de una armonización básica con la que practicaremos, posteriormente, el uso de estos acordes. Para entenderlo mejor, recurriremos a un caso práctico.

El gráfico siguiente muestra la armonización previa de una melodía dada.

Fijándonos en los giros melódicos y en los acordes elegidos, descubriremos la posibilidad de introducir alguna dominante secundaria, como en el caso de la (V-IV) delante del IV y la (V-V) delante del último V. Asimismo, podríamos sustituir la primera V con un II; de esta manera, podríamos incluir también la (V-II). El gráfico de abajo muestra los cambios en nuestra armonización previa.

Una vez elegida nuestra estructura, sólo queda completar el ejercicio. Como la armonización es nuestra, podemos introducir cualquier cambio en caso de que no nos agrade el resultado final. En este caso, he preferido quitar la (V-IV), pues su sonoridad resulta algo forzada (cuestión de gusto personal).

 

Para que una modulación diatónica se produzca, es necesario, aparte de utilizar un acorde puente, establecer adecuadamente la tonalidad de llegada. De lo contrario, puede que nos llevemos la sorpresa de que la tonalidad principal no ha sido abandonada. Realicemos el siguiente ejercicio:
 
Usando el arranque siguiente, modúlese a la tonalidad de la dominante.

Cuando escuchamos el resultado, somos conscientes de que la tonalidad de origen (Do mayor) no ha sido abandonada. La estrecha relación entre Do mayor y Sol mayor provoca que la estructura armónica creada tras la modulación sea interpretada dentro del ámbito de dominante de Do mayor. Para situarnos dentro de Sol mayor, tendremos que forzar al oído mediante el uso continuado de acordes propios de Sol mayor, como el III, el V y el VII,  o extraños a Do M pero no a Sol M, como la (V-V), el acorde de 6ª napolitana, etc. Aún así, el vínculo entre ambas tonalidades no desaparece del todo.
 
Comparemos la siguiente versión con la anterior y veamos si esto último da resultado.
 


Para concluir el ejercicio, publico el coral armonizado y su audio para que cada uno valore el resultado final y saque sus propias conclusiones.

 

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